Desmayos repentinos en mujeres

desmayo inexplicable

El síncope es otra palabra para referirse a los desmayos. Se considera que una persona tiene un síncope si pierde el conocimiento y se queda sin fuerzas, pero se recupera pronto. Para la mayoría de las personas, el síncope ocurre de vez en cuando, si es que ocurre, y no es un signo de enfermedad grave. Sin embargo, en otros, el síncope puede ser el primer y único signo de advertencia antes de un episodio de muerte súbita cardíaca. El síncope también puede provocar lesiones graves. Hable con su médico si el síncope se produce con más frecuencia.

El presíncope es la sensación de estar a punto de desmayarse. Una persona que sufre un presíncope puede sentirse aturdida (mareada) o con náuseas, tener un «apagón» visual o problemas de audición, tener palpitaciones o sentirse débil o sudar repentinamente. Cuando hable con su médico sobre el síncope, debe anotar también los episodios de presíncope.

Si los desmayos se producen con frecuencia y no se deben a una deshidratación o a un cambio postural repentino, es posible que deba someterse a pruebas para detectar una afección cardíaca o vascular grave. El síncope cardíaco suele producirse de forma repentina, sin mareos ni otros síntomas previos al síncope.

dolor de cabeza tras un desmayo

La pérdida repentina y transitoria de la conciencia en un individuo se conoce como síncope o desmayo. El síncope suele durar segundos o minutos y suele ir seguido de una recuperación completa. Aunque el acto del síncope puede ser aterrador, suele ser inofensivo y lo más probable es que no signifique una enfermedad grave o un problema que ponga en peligro la vida.

Para la mayoría de las personas, el síncope se produce una o dos veces en la vida; para otras, diversas afecciones médicas pueden provocar numerosos desmayos a lo largo de su vida. Toda persona que experimente un síncope debe notificarlo inmediatamente a un médico. Si se producen lesiones físicas como consecuencia del desmayo, hay que llamar al 911 y dirigirse al servicio de urgencias más cercano.

El historial médico (incluidos los medicamentos) y la edad también son importantes a la hora de determinar la causa del síncope. Las personas mayores corren un mayor riesgo de padecer afecciones y enfermedades graves que pueden provocar un síncope. Las personas con afecciones cardíacas conocidas, problemas con el alcohol o las drogas, trastornos convulsivos conocidos, diabetes o trastornos neurológicos son más propensas a sufrir desmayos.

causas de los desmayos y mareos

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El desmayo (síncope) es una pérdida repentina de la conciencia por falta de flujo sanguíneo al cerebro. Las personas que se desmayan suelen despertarse rápidamente tras el colapso. El tratamiento de los desmayos es sencillo: Dejar que el paciente se recupere tumbado (en posición supina). Tan importante como el tratamiento inmediato es tratar la causa del desmayo.

Las personas propensas a los síncopes suelen empezar a desmayarse alrededor de los 13 años. La persona se sentirá ruborizada (también es habitual que sienta calor), seguida de una repentina debilidad y pérdida de conciencia. Se quedarán sin fuerzas y a menudo les entrará un sudor frío. Las personas que están de pie cuando se desmayan, o «se desmayan», se desploman al suelo.

las causas del colapso súbito

Desmayo, desmayo, desvanecimiento, pérdida de conocimiento. Todos son nombres para lo mismo: una pérdida temporal de conciencia seguida de una recuperación bastante rápida y completa. Es aterrador cuando surge de la nada, y más cuando se repite una y otra vez. El término técnico, síncope, proviene de una palabra griega que significa cortar o interrumpir. Lo que se interrumpe es el flujo de sangre al cerebro.

Tendemos a pensar que la presión arterial es una entidad relativamente estable. No es así. Cambia cada vez que nos levantamos, nos sentamos, nos agachamos, comemos, estornudamos, vamos al baño, nos estresamos, nos relajamos o cargamos una bolsa de la compra. El cuerpo humano está diseñado para contrarrestar estos cambios y devolver rápidamente la tensión arterial a su punto habitual. Para ello es necesario un intrincado sistema de retroalimentación en el que intervienen sensores en la aorta y en las arterias carótidas que conducen al cerebro. Estos sensores estimulan una serie de señales nerviosas y hormonales que modifican la velocidad de los latidos del corazón, la cantidad de sangre que bombea en cada latido y la contracción y relajación de los vasos sanguíneos. Pero algunas enfermedades, algunos fármacos y a veces incluso el envejecimiento interfieren con estas correcciones casi instantáneas, provocando caídas temporales del flujo sanguíneo al cerebro.

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