La fábula del perro

el perro y su reflejo personajes

Un perro llevaba un trozo de carne en la boca para comerlo tranquilamente en su casa. En su camino tuvo que cruzar un puente sobre un arroyo. Al cruzar, miró hacia abajo y vio su propio reflejo en el agua. Pensando que era otro perro con otro trozo de carne, se decidió a comerlo también. Así que dio un chasquido a la sombra en el agua, pero al abrir la boca el trozo de carne se cayó, cayó al agua y se perdió.

Un perro, al que el carnicero había arrojado un hueso, se apresuraba a volver a casa con su premio tan rápido como podía. Al cruzar una estrecha pasarela, miró por casualidad hacia abajo y se vio reflejado en el agua tranquila como en un espejo. Pero el codicioso Perro creyó ver a un Perro de verdad que llevaba un hueso mucho más grande que el suyo.

Si se hubiera parado a pensar lo habría sabido mejor. Pero en lugar de pensar, dejó caer su hueso y se lanzó hacia el Perro en el río, sólo para encontrarse nadando por la vida para llegar a la orilla. Por fin consiguió salir y, mientras pensaba en el buen hueso que había perdido, se dio cuenta de lo estúpido que había sido el Perro.

el perro y su reflejo moral

El perro y su reflejo (o la sombra en traducciones posteriores) es una de las Fábulas de Esopo y lleva el número 133 en el Índice Perry[1]. El original en lengua griega se volvió a contar en latín y así se difundió por toda Europa, enseñando la lección de contentarse con lo que se tiene y no renunciar a la sustancia por la sombra. También existen variantes indias del cuento. La moraleja del final de la fábula ha dado lugar a proverbios tanto en inglés como en francés y la historia se ha aplicado a diversas situaciones sociales.

Un perro que lleva un trozo de carne robado mira hacia abajo mientras camina junto a un arroyo o lo cruza y ve su propio reflejo en el agua. Al pensar que se trata de otro perro que lleva algo mejor, abre la boca para atacar al «otro» y, al hacerlo, deja caer lo que llevaba. Una alusión a esta historia en la obra del filósofo Demócrito, del siglo V a.C., nos da una idea de su antigüedad y de lo conocida que era. Hablando del insensato deseo humano de tener más, en lugar de contentarse con lo que se tiene, lo describe como «el perro de la fábula de Esopo»[2].

el perro y su reflejo significado simbólico

El perro y su reflejo (o la sombra en traducciones posteriores) es una de las Fábulas de Esopo y lleva el número 133 en el Índice Perry[1]. El original en lengua griega se volvió a contar en latín y así se difundió por toda Europa, enseñando la lección de contentarse con lo que se tiene y no renunciar a la sustancia por la sombra. También existen variantes indias del cuento. La moraleja del final de la fábula ha dado lugar a proverbios tanto en inglés como en francés y la historia se ha aplicado a diversas situaciones sociales.

Un perro que lleva un trozo de carne robado mira hacia abajo mientras camina junto a un arroyo o lo cruza y ve su propio reflejo en el agua. Al pensar que se trata de otro perro que lleva algo mejor, abre la boca para atacar al «otro» y, al hacerlo, deja caer lo que llevaba. Una alusión a esta historia en la obra del filósofo Demócrito, del siglo V a.C., nos da una idea de su antigüedad y de lo conocida que era. Hablando del insensato deseo humano de tener más, en lugar de contentarse con lo que se tiene, lo describe como «el perro de la fábula de Esopo»[2].

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Aunque lo primero que se puede pensar es que el perro es «el mejor amigo del hombre», el perro no siempre es una figura positiva en las fábulas de Esopo. El perro puede ser tanto codicioso, como en El perro y la sombra, como rencoroso, como en El perro del administrador. El «perro del gerente» es, como «la parte del león» y «las uvas agrias», una de esas fábulas de Esopo que se ha convertido en un proverbio por derecho propio.

El gato, por su parte, es un ejemplo de autoconciencia y concentración en la fábula de La zorra y el gato. Esta fábula se inspira en un antiguo proverbio griego sobre un erizo más que sobre un gato: «El zorro sabe muchas cosas pequeñas, pero el erizo sabe una cosa grande». Puede leer más sobre este proverbio y fábula en Wikipedia.

En El gato y Venus, sin embargo, el pensamiento único del gato es una limitación más que una fortaleza; cuando se transforma en humano, el gato no puede aprender trucos humanos y, en su lugar, se ciñe a sus comportamientos felinos, lo que permite a Venus (la diosa del amor, la Afrodita griega) ganar su discusión con Júpiter (el rey de los dioses, el Zeus griego).

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